Cada punto es uno de los 107 objetos, colocado en el año en que lo recibí y coloreado según el vínculo que tenía con quien me lo dio; los puntos se reparten hacia arriba y hacia abajo cuando varios caen en el mismo año. Hasta 2015 domina lo intrapersonal y lo familiar, entre 2016 y 2021 entra lo romántico, y de 2023 en adelante la amistad. Los bloques grises marcan los años en que no conservé nada: 2009 a 2011 y 2020.
Cada burbuja es una persona dentro de un vínculo y su tamaño es el número de objetos que me dio. Al agruparse por color, el tamaño de cada racimo muestra cuánto pesa ese vínculo en la colección completa. La amistad reúne a más personas que ningún otro vínculo, —16—, pero dos burbujas solas concentran el 39% de todo: mis 21 objetos propios y los 21 de una sola expareja.
Cada barra es un tipo de vínculo, dividido entre los objetos de personas que siguen en mi vida, en color sólido, y los que no, en textura punteada. Todas las barras miden lo mismo, ya que comparan proporciones y no cantidades. En lo romántico, el 81% viene de alguien ausente; de mi familia y de las que he guardado yo misma, no hay ninguna ausencia.
Las filas son los tipos de vínculos y las columnas los objetos; la forma indica el tipo, el color el vínculo y el tamaño cuántos objetos hay en esa combinación. Un punto gris señala las diez casillas donde no hay ninguno. En proporción, las cartas pesan sobre todo en lo laboral y lo romántico, las fotos en lo intrapersonal, y 9 de los 10 juguetes vienen de amistades y familia.
Cada franja es un grupo de objetos y su grosor es la cantidad; se lee de izquierda a derecha, de la etapa en que lo recibí al vínculo con quien me lo dio, y de ahí a si esa persona sigue presente.
La infancia es casi toda intrapersonal. La adolescencia tardía se llena de lo romántico y concentra las pérdidas, con 22 de 30 objetos de gente ausente; la adultez vuelve a llenarse, esta vez de amistades que hasta la fecha perduran.